Todas las organizaciones tienen una EVP. La diferencia está en si esa propuesta se queda en el discurso o si realmente se sostiene en la experiencia cotidiana de las personas.
En este paper, Both y Mazinn analizan cómo está evolucionando la Employee Value Proposition y qué necesitan las organizaciones para conectar con un talento más informado, más exigente y más diverso en sus expectativas.